Durante el proceso de compra de vivienda, muchas personas dan por hecho que la hipoteca que les “han aprobado” será la que firmen en notaría. Sin embargo, en el último tramo del proceso el banco puede cambiar condiciones, incluso cuando todo parecía cerrado.
No se trata de una práctica excepcional. Es una dinámica que se da en determinados momentos del proceso y que responde a cómo las entidades gestionan el riesgo, más allá del sueldo o de la evolución del Euríbor.
Los ajustes de última hora suelen aparecer en puntos muy concretos del proceso:
En estos momentos, el análisis pasa de “preaprobación” a validación final, y ahí pueden surgir cambios.
Cuando ocurre, los ajustes suelen ser sutiles pero relevantes:
No siempre se presentan como un “empeoramiento”, sino como una adaptación a la operación final.
La clave está en que muchas ofertas iniciales son condicionadas. Es decir, dependen de que:
Además, en la fase final el banco tiene una percepción más clara del grado de urgencia del cliente y de su margen real de negociación.
En el último momento, el banco ajusta la hipoteca a su lectura definitiva del riesgo:
Si alguno de estos puntos queda más justo de lo previsto, el banco puede cubrirse ajustando condiciones.
Hay indicios que conviene tener en cuenta:
Nada de esto garantiza que la hipoteca empeore, pero sí indica que no está completamente cerrada.
Para reducir el riesgo de cambios de última hora:
Cuanto mayor es el margen del comprador, menor suele ser la necesidad del banco de ajustar condiciones.
En el mercado hipotecario actual, la hipoteca puede cambiar en el último momento si el banco detecta ajustes necesarios en riesgo o en la operación. No es un giro arbitrario, sino una consecuencia de cómo se valida la operación en su fase final.
Entender cuándo ocurre y por qué ayuda a anticiparse, a negociar con más criterio y a evitar sorpresas justo antes de firmar una de las decisiones financieras más importantes.

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