Al solicitar una hipoteca, no se analiza igual a un autónomo que a un trabajador asalariado. Aunque el producto hipotecario pueda ser el mismo, el estudio previo y los criterios aplicados presentan diferencias relevantes.
Entender las diferencias entre una hipoteca para autónomos y una para asalariados ayuda a interpretar mejor el proceso y a evitar comparaciones poco realistas.
La diferencia más evidente está en la naturaleza de los ingresos.
En un asalariado:
En un autónomo:
Esto condiciona todo el estudio.
La estabilidad se mide de forma distinta en cada perfil.
En asalariados:
En autónomos:
El objetivo es el mismo: reducir la incertidumbre.
El cálculo de ingresos también presenta diferencias claras.
En la práctica:
El método cambia, pero el criterio final es similar.
La documentación requerida suele ser mayor en el caso del autónomo.
Habitualmente:
Esto no implica peor trato, sino más información a revisar.
En los autónomos, el sector profesional tiene un peso mayor.
En la práctica:
En asalariados, este factor suele tener menos impacto.
Desde el punto de vista del banco, la flexibilidad también se percibe de forma distinta.
En general:
La evaluación es técnica, no personal.
Un error habitual es pensar que el autónomo siempre obtiene peores condiciones.
En la práctica:
El perfil pesa más que la etiqueta.
Compararse directamente con un asalariado sin tener en cuenta el contexto es un error frecuente.
Esto puede generar:
Cada perfil se analiza con criterios distintos pero coherentes.
Antes de comparar una hipoteca para autónomos con una de asalariados, conviene:
Si estás valorando una hipoteca siendo autónomo, puedes ampliar la información en nuestra guía específica sobre hipoteca para autónomos, donde se explican los criterios y escenarios habituales con más detalle.

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