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No puedo pagar la cuota de la hipoteca en junio: qué opciones tienes realmente, cuándo el banco te da carencia y cuándo te embargan

Si este mes no llegas a la cuota, tienes más opciones de las que crees. Pero el tiempo corre: lo que hagas en las próximas 48 horas marca la diferencia.

Fernando Hierro
Fernando Hierro
·7 min lectura·1196 palabras·Actualizado 4 de junio de 2026
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Lo esencial

Si este mes no llegas a la cuota, tienes más opciones de las que crees. Pero el tiempo corre: lo que hagas en las próximas 48 horas marca la diferencia.

  • Lo primero que debes saber: no pagar no es lo mismo que no poder pagar
  • Las opciones reales que tienes (con nombre y apellidos)
  • Qué pasa exactamente si no pagas y no dices nada
  • El dato que los bancos no publican

Junio es uno de los meses más duros para muchas familias con hipoteca. El IRPF a pagar, la revisión del seguro del coche, las vacaciones que se acercan y, de repente, la cuota del banco que no cuadra. Si estás en esa situación ahora mismo, esto es lo que haríamos nosotros: actuar antes de que llegue el cargo, no después.

Lo que nadie te cuenta es que el banco tiene mucho más margen para negociar del que aparenta. Pero solo lo usa si tú te mueves primero.

Lo primero que debes saber: no pagar no es lo mismo que no poder pagar

Hay una diferencia enorme entre que el cargo rebote sin avisar y que tú llames al banco antes de que eso pase. En el primer caso, entras en mora desde el primer día. En el segundo, abres una negociación.

Cuando una cuota hipotecaria no se paga, el banco registra el impago. A partir del tercer mes consecutivo sin pagar, puede iniciar el proceso de ejecución hipotecaria. Pero llegar ahí es un proceso largo, y el banco prefiere no llegar.

La clave es llamar antes de que rebote el cargo.

Las opciones reales que tienes (con nombre y apellidos)

1. Carencia total o parcial

La carencia es un período en el que pagas menos o nada de cuota. Hay dos tipos:

  • Carencia parcial: solo pagas intereses, no amortizas capital. Tu cuota baja considerablemente.
  • Carencia total: no pagas nada durante un tiempo acordado. Los intereses siguen corriendo y se suman al capital.

Ejemplo real: Marta, 38 años, enfermera en Zaragoza, perdió parte de su jornada en abril. Su cuota era de 780€ al mes. Llamó al banco antes de que llegara el cargo de mayo. Le concedieron 3 meses de carencia parcial: pagó solo 210€ durante ese trimestre. Los intereses no pagados se añadieron al capital, pero evitó el impago.

La carencia no es automática. El banco la analiza caso a caso y pide documentación: nóminas, declaración de ERTE, baja médica, lo que justifique la situación.

2. Ampliación del plazo

Si te quedan, por ejemplo, 15 años de hipoteca, puedes pedir ampliarlos a 20 o 25. Eso reduce la cuota mensual de forma permanente.

El límite legal en España es que el plazo total no supere los 30 años (o 40 en algunos casos con condiciones especiales). Y la edad del titular en el momento de la última cuota no puede superar los 75 años en la mayoría de bancos.

Esta opción tiene un coste: pagas más intereses en total. Pero si el problema es de flujo mensual, puede ser la solución más limpia.

3. Código de Buenas Prácticas Bancarias

Esto es lo que los bancos no publican en su web. Existe un marco legal —el Código de Buenas Prácticas— al que están adheridos la mayoría de entidades en España. Si cumples ciertos requisitos de vulnerabilidad económica, el banco está obligado a ofrecerte medidas de alivio.

Los requisitos principales:

  • Que la cuota supere el 50% de los ingresos netos del hogar
  • Que los ingresos del conjunto familiar no superen 3 veces el IPREM (unos 2.520€ brutos al mes en 2026)
  • Que el préstamo sea sobre la vivienda habitual

Si cumples estas condiciones, puedes exigir —no pedir— una reestructuración de la deuda. El banco no puede negarse.

4. Refinanciar la hipoteca

Si el problema es estructural —no solo puntual—, la refinanciación puede ser una salida. Consiste en renegociar las condiciones completas: tipo de interés, plazo, cuota. En algunos casos implica cambiar de banco.

Es una operación más compleja, con costes de notaría y registro, pero puede reducir tu cuota de forma significativa y sostenida en el tiempo.

5. Vender antes de que te ejecuten

Si la situación es insostenible a largo plazo, vender la vivienda mientras aún tienes control es infinitamente mejor que esperar a la ejecución hipotecaria. En una ejecución, el banco subasta la casa y tú no controlas el precio. En una venta voluntaria, sí.

Si el precio de venta cubre la deuda pendiente, cancelas la hipoteca y te quedas con el sobrante. Si no la cubre, existe la figura de la dación en pago —entregar la casa al banco a cambio de saldar la deuda—, aunque no todos los bancos la aceptan fuera del Código de Buenas Prácticas.

Qué pasa exactamente si no pagas y no dices nada

Día 1 de impago

Qué ocurre El banco registra la deuda. Empieza a generar intereses de demora

30-60 días

Qué ocurre Llamadas, cartas, avisos. El banco intenta contactarte

3 meses

Qué ocurre Puede declarar el vencimiento anticipado del préstamo completo

3-6 meses

Qué ocurre Inicia proceso judicial de ejecución hipotecaria

12-24 meses

Qué ocurre Subasta de la vivienda (el proceso judicial puede alargarse)

Tras la subasta

Qué ocurre Si el precio no cubre la deuda, sigues debiendo el resto

Ese último punto es el que más sorprende a la gente: perder la casa no significa saldar la deuda. Si la subasta no cubre lo que debes, el banco puede seguir reclamándote el resto. Por eso actuar antes es tan importante.

El dato que los bancos no publican

Desde hipotecas.me hemos analizado cientos de casos de reestructuración hipotecaria. Lo que vemos sistemáticamente: los bancos conceden carencias con mucha más frecuencia cuando el cliente llega con documentación en mano y una propuesta concreta.

No es lo mismo llamar y decir "no puedo pagar" que llamar y decir "tengo una reducción de ingresos del 30% por esta razón, propongo 3 meses de carencia parcial y aquí está mi documentación".

El banco tiene internamente un equipo de gestión de riesgo cuyo objetivo es no llegar a la ejecución. Porque una ejecución también les cuesta dinero, tiempo y reputación. Tu interés y el suyo están más alineados de lo que parece.

Si eres autónomo, el proceso es diferente

Los autónomos tienen más dificultades para demostrar la caída de ingresos de forma rápida. Las nóminas no existen: hay declaraciones trimestrales, extractos bancarios, facturas. El banco puede tardar más en analizar la situación.

Si eres autónomo y prevés un problema de liquidez, actúa con al menos 6 semanas de antelación. No cuando ya ha rebotado el cargo.

También existe la posibilidad de acogerse al mecanismo de segunda oportunidad si la situación es de insolvencia más amplia —no solo la hipoteca—, pero eso ya es un proceso legal distinto.

Qué hacer hoy si este mes no llegas

  1. Llama a tu banco hoy, no mañana. Pide hablar con el departamento de gestión de riesgo o de hipotecas, no con el servicio general de atención al cliente.
  2. Prepara la documentación antes de llamar: últimas nóminas o declaraciones, justificante de la situación (ERTE, baja, reducción de jornada), extracto bancario.
  3. Haz números: usa el simulador de amortización anticipada para entender cuánto capital te queda y qué opciones de plazo tienes.
  4. Comprueba si cumples los requisitos del Código de Buenas Prácticas. Si es así, tienes derechos, no solo opciones.
  5. Si el banco no responde o rechaza sin justificación, puedes reclamar al Banco de España a través de su servicio de reclamaciones.

Si quieres que alguien revise tu situación concreta antes de llamar al banco, en hipotecas.me ofrecemos un estudio gratuito sin compromiso. A veces, saber exactamente qué pedir marca la diferencia entre que te digan sí o no.

Sobre este contenido

Fernando Hierro
Fernando Hierro

Editor de contenidos hipotecarios

Publicación: 4 de junio de 2026

Última actualización: 4 de junio de 2026

Esta página tiene un enfoque informativo y editorial. Explica cómo suelen funcionar las condiciones hipotecarias descritas y qué conviene revisar, sin prometer resultados ni sustituir el análisis de una entidad financiera.

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